sábado 20 de septiembre de 2008

Actualizar nuestra visión, misión y valores frente a la complejidad



“Una Visión sin una tarea es sólo un sueño…
Una tarea sin una visión es un trabajo arduo…
Una visión con una tarea puede cambiar el mundo…”



La actualidad está atravesada por tiempos complejos. Lo seguro y conocido contrasta con los desafíos de lo nuevo; certezas e incertidumbres se entremezclan. Las circunstancias, el entorno y la propia cotidianeidad cambian más allá de lo que nosotros podemos dimensionar.
Ante lo inexorable del cambio, el presente nos interpela a asumir un rol protagónico, desde lo personal y lo institucional; puesto que la indiferencia no es posible. Los acontecimientos demandan respuestas basadas en un compromiso concreto con la realidad. Es preciso que desde la acción nos involucremos para una transformación positiva y superadora.
Todo proyecto individual, institucional o social tiene su comienzo en una visión. La visión es una imagen del mundo tal cual como yo quiero que sea. Una fugaz e inspiradora imagen de un futuro posible. Una idea acerca de la necesidad de enriquecer y mejor el presente. No es algo grandilocuente, tiene como cualidad el inspirarnos a actuar e involucrarnos. La visión es como una especie de película que desarrollamos internamente que puede referirse al mundo, también podemos tener una visión de las organizaciones e instituciones de las cuales formamos parte, y una imagen ideal de nuestra propia vida.
En función de nuestra visión decidimos que tipo de influencia queremos tener en el mundo y el lugar que vamos a ocupar. Hoy, el poder no se mide por jerarquías o cargos sino, por la influencia e incidencia que una organización o individuo tiene en la sociedad. Se llama misión a lo que quiero hacer con mi vida para dirigirme a mi visión, a lo que da sentido a mi vida, a mis metas.
Nuestra misión esta guiada por nuestros valores. La dimensión valorativa es el eje en torno al cual debe girar el bienestar individual y comunitario. Los valores son el fundamento del diálogo y la convivencia. Ellos son los facilitadores que permiten una excelente interacción entre los integrantes de la comunidad, puesto que su rol es el de motivar y orientar cada acción que se emprende, cada respuesta que se da en todo momento, y constituyen el justificativo último del actuar humano.
El individuo, en cuanto sujeto capaz de proceder conforme a finalidades u objetivos, juzgar y tomar decisiones; necesita del plexo valorativo a fin de que sus elecciones sean siempre orientadas a alcanzar una mayor humanización personal y de la comunidad, de la cual es parte y en la cual incide de manera significativa. Los Valores, como creencias, proyecciones básicas de la humanidad, permiten “valorar” lo bueno, lo malo, lo justo, lo injusto. Compelen a hacerse cargo de lo que se hace y dice, apreciando la implicancia de las acciones y asumiendo de manera responsable los hechos de los cuales se participa.
Cuando decidimos nuestra visión, misión y valores, definimos el futuro que queremos para nuestra vida, y las acciones que queremos desplegar para llegar a cumplir nuestra misión.
Si bien, a veces, no somos responsables de las circunstancias que surgen en nuestra vida cotidiana, si somos responsables (y no culpables) de decidir como actuar frente a lo que se nos presenta. Podemos elegir ser víctimas de nuestra historia, o elegir ser protagonistas de nuestras vidas. Protagonista es la persona que se responsabiliza, que decide como actuar frente a su circunstancia, de acuerdo a sus valores, y a su misión en la sociedad. Protagonista es la persona que usa el poder personal del cambio, para influir positivamente en su entorno.
Comúnmente decimos que vivimos en una sociedad en crisis, que la familia, la educación, las relaciones humanas están en crisis. Los chinos otorgan a la palabra crisis dos significados: caos y oportunidad. Mientras que, el caos destruye, no deja nada; la crisis como oportunidad, deja abierta la posibilidad de revisar lo hecho y emprender algo distinto, emprender el cambio.
Cambiar es dejar de lado conductas reiterativas, y por eso cómodas, es dejar la crítica estéril para pasa a asumir responsablemente un rol, una actitud para un cambio positivo, una conducta diferente que podría ser el disparador de una reacción en cadena capaz de transformar nuestro entorno. Cambiar es dejar de ser espectador para pasar a ser protagonista. Es involucrarnos rompiendo el círculo del pesimismo crónico o de la “victimitis”, que nos limitan, que frustran las mejores utopías. Es como dice Tarraubella: “dejar de ser parte del problema para empezar a ser parte de la solución”.
Este presente, con un alto grado de complejidad, demanda cambios. Albert Einstein, afirma que no es posible solucionar los problemas con el mismo nivel de pensamiento con que se originaron. Debemos cambiar nuestros patrones de pensamiento, para redescubrir nuestra visión, misión y valores, sabiendo que: cambiando yo, cambiará el mundo…


JUAN JOSE SERAFINI.
BACH. UNIV. EN CCIAS JDICAS Y SOC. (UNL)
DIPLOMADO EN HUMANIDES. (UNL)
SANTA ROSA DE CALCHINES.
JUNIO 2008