miércoles, 17 de septiembre de 2008

Escribir por la tierra


Mi pasión por la poesía se incrementó en el año ´93, cuando decidí concurrir a un EMPA para terminar mis estudios secundarios.
Si bien yo tenía preferencia por la escritura, hubo una profesora que alentó más mi vocación. Fue un año intenso de trabajo y de cambios que modificarían por completo mi vida futura.
No soy escritora, para eso me falta muchas páginas por recorrer.
Me siento poeta que admira cada cosa en la naturaleza de mi pueblo costero, tengo mucha sensibilidad para ver un poco más allá de lo que ven otros ojos.
Para mi el poeta es aquel que desnuda a la vida de sus ropajes y sus lágrimas son tinta con la que escribe un poema.
Nací en Colastiné en el año ´59, tengo influencia rinconera por la cercanía de ambos pueblos y porque mi padre era de allí.
Cayastá es mi lugar por adopción, quiero mucho a su gente y a su historia, que es la mía. Mi familia por parte de mi abuela materna vivió en este maravilloso pueblo. Mi abuelo murió a la edad aproximada de 100 años en Cayastá. Siempre recordaría en rueda de amigos los problemas que tuvo que sortear en la guerra, cuando había participado a las órdenes del General Justo José de Urquiza.
En el año 2005 publiqué mi primer libro titulado, en honor a mi abuela, “El Sueño de Magdalena”.
Tengo muchos proyectos, el año pasado realicé un proyecto denominado “El libro en la plaza”. Con el propósito de incentivar a la gente a la lectura, repartía libros gratis en las plazas de la costa.
Mucha gente colaboró, tuve la satisfacción de que me regalara la nieta de Don Julio Migno muchos libros de su abuelo, que me los arrebataron de las manos.
En San Javier regalé más de 500 libros, fue toda una fiesta para mí. En esa oportunidad me acompañó una amiga de Cayastá, Teresa Gonzáles de Díaz y mi esposo, que siempre me acompaña.
Siempre recuerdo a la Señorita Palmira que me acercó al EMPA de Cayastá, desde aquél día todos los años los visito para alentar sus esfuerzos.
Tengo pendientes dos libros que por razones de costo no he podido publicar, pero sigo adelante.
Tengo muy lindos recuerdos y amigos en Cayastá. Siempre me llamó la atención su historia, que es la mía, como santafesina.
Sus calles arenosas, perfumadas de azahares, su río manso, con un caudal de vivencias costeras, su gente siempre atenta al saludo sincero.
Pisamos las mismas arenas y caminos, los mismos senderos hacia el río que pisaron nuestros antepasados, los aborígenes y Españoles que fundaron esta ciudad. Somos más que privilegiados en tener este lugar y me siento orgullosa de pertenecer un poquito a este pueblo.
De pena se muere el Río: Quejándose de dolorLleva sus aguas mi río.El hombre de pronto olvida¡Cuánto de él ha obtenido!Te duele tanto maltrato,Te duele tanto olvido.Con saña te pega el hombre.Inclaudicable destino.La muerte va entre tus aguas.Como un futuro designioSecando así tu riveraTirando desechos al río.¡Que nadie pregunte al finQué fue de mi manso río!No habrá respuesta que puedaConvencer de su destino.¡Cuándo los niños pregunten! ¿Por acá pasó el río?No habrá respuesta que puedaConvencer de su destino.No habrá perdón para el hombreQue ensucia el agua del río.


Alicia Franco - JULIO 2008


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